El hormigón es uno de los materiales más resistentes que utilizamos en construcción, pero no es impermeable. Tiene una estructura capilar interna que, aunque a simple vista no percibimos, permite la entrada de agua, sales y agentes agresivos. Y cuando eso ocurre, el deterioro empieza desde dentro. La impermeabilización de hormigones no debería entenderse como un acabado estético ni como una simple capa superficial, sino como una intervención técnica orientada a mejorar la durabilidad real del material.
En este artículo voy a explicar cómo abordar correctamente la impermeabilización de hormigon en distintos escenarios habituales de obra, desde piscinas hasta columnas estructurales o suelos exteriores, entendiendo siempre que el proceso empieza mucho antes de aplicar cualquier producto.
Diferentes sistemas de impermeabilización. Siendo la opción de penetración profunda nuestro sisema de impermeabilización. Desde dentro hacia fuera.
Impermeabilización de hormigon
La impermeabilización de hormigon bien ejecutada comienza con un diagnóstico honesto del soporte. No es lo mismo trabajar sobre un hormigón recién vertido que sobre uno con diez años de exposición ambiental. Tampoco es igual intervenir en un entorno interior seco que en una zona costera con presencia constante de cloruros. El error más común que veo en obra es aplicar un sistema sin evaluar absorción, estado superficial o presencia de fisuras activas.
Una vez evaluado el soporte, la preparación es determinante. El hormigón debe estar limpio, libre de aceites, desencofrantes, compuestos de curado o lechada superficial. Si el poro está cerrado, el sistema penetrante no trabajará correctamente. A veces es necesario abrir ligeramente la superficie mediante lijado o tratamiento mecánico suave para garantizar absorción homogénea. No se trata de debilitar el soporte, sino de permitir que el producto actúe dentro de la red capilar.
La aplicación debe realizarse hasta saturación, manteniendo la superficie húmeda de forma uniforme durante el tiempo de contacto recomendado. Aquí no hablamos de “pintar”, sino de permitir que el material penetre. Es importante trabajar la superficie para evitar acumulaciones y asegurar una absorción regular. Después, cualquier residuo superficial debe retirarse antes del secado completo. Dejarlo secar genera velos, manchas o capas frágiles que no aportan protección real.
Cuando este proceso se realiza correctamente, se consigue una reducción significativa de la absorción y una mejora clara frente a la penetración de agua y agentes agresivos. Y eso, a medio y largo plazo, se traduce en durabilidad estructural.
Impermeabilización de piscinas
La impermeabilización de piscinas exige un nivel de precisión mayor porque el hormigón está sometido a presión constante de agua, cambios térmicos y tratamiento químico continuado. Aquí no hay margen para soluciones superficiales improvisadas.
El vaso debe estar estructuralmente estable y sin fisuras activas. Cualquier coquera o defecto debe repararse antes de iniciar el tratamiento. Una vez saneada la superficie, se procede al sistema impermeabilizante, que debe trabajar tanto frente a presión positiva como, en ciertos casos, frente a presión negativa si existe humedad del terreno.
Es frecuente encontrar piscinas que han sido “impermeabilizadas” solo con un revestimiento final. Cuando aparecen ampollamientos o desprendimientos, casi siempre el problema está en la falta de tratamiento interno del soporte. La impermeabilización de piscinas efectiva empieza en el hormigón, no en el acabado decorativo
Impermeabilización de gunitado
La Impermeabilización de gunitado presenta particularidades propias. El hormigón proyectado suele tener mayor porosidad superficial y una textura más irregular. Además, si la ejecución no ha sido rigurosa, pueden aparecer zonas con rebote mal compactado o microfisuración temprana.
Por eso, antes de impermeabilizar, conviene homogeneizar la superficie y eliminar partículas sueltas. La absorción debe comprobarse para evitar diferencias entre zonas más densas y otras más abiertas. Una vez preparado el soporte, el tratamiento penetrante debe aplicarse permitiendo que el producto trabaje dentro de la matriz proyectada.
Cuando se ejecuta correctamente, el gunitado ofrece un comportamiento excelente. Pero si se deja sin protección, su mayor porosidad inicial lo hace más vulnerable al ingreso de agua.
Curado de hormigones
El curado de hormigones es, en realidad, la primera medida de impermeabilización. Un hormigón que pierde agua prematuramente durante sus primeras horas desarrolla microfisuración y mayor permeabilidad futura. Es decir, nace más vulnerable.
Mantener la humedad adecuada durante los primeros días es esencial para que la hidratación del cemento se complete correctamente. He visto estructuras perfectamente diseñadas que luego presentan patologías simplemente porque el curado se descuidó. Después se intenta compensar con tratamientos posteriores, pero la base ya está comprometida.
Un buen curado reduce retracciones, mejora resistencia y disminuye la red capilar conectada. Eso facilita cualquier sistema posterior de impermeabilización de hormigon.
Protección de columnas de hormigon
La protección de columnas de hormigon es especialmente importante en parkings, zonas industriales o entornos marinos. Son elementos estructurales expuestos a impactos, humedad ambiental y, en muchos casos, a sales.
Si la humedad y el CO₂ penetran, se acelera la carbonatación y se reduce el pH protector de las armaduras. El resultado, con el tiempo, es corrosión interna y desprendimiento de recubrimiento.
La intervención adecuada pasa por limpiar, reparar zonas degradadas y aplicar un sistema que reduzca la absorción interna. En ambientes agresivos, esta protección no es una mejora estética; es una inversión estructural.
